El primer ministro Péter Magyar anunció que Hungría comenzará a vivir cinco días “críticos” a partir de este lunes 3 de agosto, por la presión sobre la red eléctrica, que se prepara para el cierre de la central nuclear de Paks, responsable de la mitad del suministro energético nacional.
En el centro de lo que se anticipa como una crisis energética están los mínimos históricos en los niveles del río Danubio, por una sequía que mantiene en vilo no solo al territorio húngaro sino a buena parte de Europa del Este.
En un mensaje transmitido a través de Facebook, Magyar informó que la planta Paks podrá seguir operando con generación reducida (cerca de un 10% de su capacidad total) entre el 3 y 4 de agosto, lo que aliviará la presión sobre la red eléctrica nacional.
«Hoy, y quizás mañana, la última turbina que produce 240 megavatios podrá seguir funcionando (…) Esto es una muy buena noticia, ya que se puede evitar el cierre total de la planta en uno de los días con mayor consumo», indicó Magyar.
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Es, sin embargo, solo un pequeño plazo extra antes del proyectado cierre de la planta (el primero en casi 50 años), que produce la mitad de la energía húngara, pero depende de las aguas del Danubio para su sistema de enfriamiento.
Esas aguas han descendido a niveles críticos, afectado el suministro en al menos 100 pueblos y ciudades de Hungría, la generación hidroeléctrica en Serbia y la navegación en algunos de sus tramos búlgaros, entre otros impactos, aunque según Magyar, las proyecciones sobre el caudal son un poco más optimistas este 3 de agosto.
A medida que el cierre de Paks se va cumpliendo gradualmente, el país pasará a depender cada vez más de la energía importada, precisamente en la época de mayor demanda, en medio de una ola de calor que afecta a toda Europa y que se espera que llegue a 40º C esta semana.
«Los cinco días más críticos comienzan ahora. La red energética y el suministro de agua están bajo una presión creciente», admitió Magyar.
Empresas y hogares han reducido su consumo eléctrico, a pedido del Gobierno. Ese recorte, que llegó a 700 megavatios el 2 de agosto, equivale a la producción de la central nuclear de Paks multiplicada por 1,5.
Se espera que la planta se mantenga inoperativa durante semanas, ante las previsiones de que los niveles seguros en el Danubio para la refrigeración no están cerca de recuperarse.
Serbia en alerta energética; medidas extremas en Rumania
El Danubio atraviesa 10 países europeos, desde el suroeste de Alemania hasta su desembocadura en el Mar Negro, lo que lo convierte en el segundo río más largo después del Volga.
El 1 de agosto, la autoridad hidrológica de Hungría registró mediciones de apenas 23 centímetros en algunos tramos, en los que se revelaron rocas y bancos de arena, muy por debajo del mínimo histórico 33 cm, correspondiente a 2018.
Al mismo tiempo, el servicio meteorológico nacional reporta unas precipitaciones totales en 90 días que están entre 80 y 130 milímetros por debajo de las medias plurianuales. La evaporación producto de las olas de calor, la falta de lluvias y la reducción del agua procedente del deshielo alpino están detrás de ese fenómeno.
Pero no solo en Hungría impactan los bajos niveles del Danubio. En la mayor central hidroeléctrica de Serbia, Djerdap 1, la producción ha caído al 20% de la capacidad instalada, de acuerdo con el director de producción de la instalación, Davor Maljokovic.
Otra opción de generación, la central de carbón de Kostolac, ha reducido igualmente su producción, debido a que también depende de las aguas del Danubio para sus sistemas de enfriamiento, de acuerdo con lo revelado por la empresa estatal EPS.
En Rumania, el ejército llevó a cabo la detonación controlada de una roca sumergida en el canal de Bala, con el fin de redirigir un mayor caudal del Danubio hacia la central nuclear de Cernavoda, que proporciona el 20% de la electricidad que consume el país.
El Gobierno declaró un “estado de alerta nacional” que se mantendrá vigente hasta el 31 de agosto y anunció planes de importar energía, fundamentalmente desde Ucrania, para suplir la generación que se ha visto afectada por la sequía.
La media habitual del caudal del Danubio en Hungría se ubica entre 3.900 y 4.700 metros cúbicos por segundo, pero en la actualidad ese promedio se ha desplomado a valores que van entre los 1.550 y los 1.600 m³.
En República Checa se ha reportado un empeoramiento de las condiciones: 48% de sus estaciones hidrológicas han registrado sequía en los distintos ríos que la surcan, incluyendo el Danubio, con caídas que oscilan entre el 5% y el 60% del caudal medio mensual, de acuerdo con cifras de la Oficina Hidrometereógia Checa (CHMU).
Eslovaquia también ha registrado descensos a mínimos históricos en el caudal del Danubio, que han afectado la navegación, pero no suponen riesgo para la generación, porque sus dos plantas nucleares, Mochovce y Jaslovské Bohunice, no dependen de sus aguas para el enfriamiento.
«Nunca antes en la historia de las observaciones, que se remontan a 1876, se había registrado un caudal tan bajo del Danubio en la estación de Bratislava» en agosto, indicó el Instituto de Hidrología de la Academia Eslovaca de Ciencias (SAV).
«No está afectando a una sola región como hemos visto en el pasado, sino a todo el panorama europeo», le dijo a la agencia Reuters Alessandro Armenia, analista de potencia en la empresa de datos y análisis de materias primas Kpler. «Dadas las dinámicas actuales, significa que o bien veremos apagones o tendremos que invertir mucho más”.
En el caso de Hungría, la importación de energía podría costar entre 315 y 630 millones de dólares, de acuerdo con estimaciones de Mark Radnai, vicepresidente del partido Tisza, al que pertenece el presidente Magyar.
Tránsito fluvial: el otro afectado
El descenso en los niveles del Danubio ha dejado al descubierto desde barcos y bombas de la Segunda Guerra Mundial en Serbia y Hungría hasta los huesos de un mamut en Bulgaria, y eso significa que no hay caudal suficiente para el tránsito seguro de barcos en el río.
Decenas de embarcaciones, la mayoría de ellas de transporte de mercancía, han quedado varadas en distintos puntos de los 470 kilómetros del Danubio que corren por Bulgaria.
La planta nuclear Kozloduy no se ha visto afectada, porque no depende de este río para su refrigeración, pero la agricultura, el turismo y la navegación sí están sufriendo las consecuencias.
El Danubio no es el único gran curso fluvial que se ha visto impactado por la sequía. En Alemania, el Rin registró descensos sin precedentes en su caudal, con un mínimo de 67 cm en Colonia y otro de 81 en Bonn, lo que ha obligado a costosos trasbordos de mercadería entre varios barcos para que los cargamentos puedan llegar a su destino.
Con Reuters, EFE y AP
