«Queremos nuestra estrella de vuelta» y «Re:Unión». Son los reclamos de miles de británicos en vísperas del décimo aniversario de la votación que dio luz verde al divorcio de la Unión Europea.
Se trata de una efeméride marcada por la dimisión de Keir Starmer, quien precisamente planteó el mayor acercamiento con la UE de los últimos años. Su renuncia sella una década de una inusitada volatilidad política: es el sexto jefe de Gobierno que cae desde el referendo del Brexit.
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¿Qué pasó hace diez años y por qué el eco de esa votación sigue resonando en la vida de los británicos?
Diez años de un resultado inesperado
En el corazón de Soho, uno de los sectores más vibrantes de Londres, Naroa Ortega recuerda con “pesar” esa noche, hace una década, en la que los británicos votaron para salir de la Unión Europea. Un resultado, para muchos, inesperado.
Estaba con dos amigos, un escocés y un español, comiendo en un restaurante de un chef portugués. “Tenías que ver nuestras caras. O sea, éramos un poema los tres. Y bueno, era el comienzo de una nueva era”, relata Ortega a France 24.
“Me acuerdo de que al principio todo fue muy complicado porque nosotros trabajamos solo con vinos españoles y muchos de los productos que utilizamos son españoles. Hasta los tomates o las alcachofas vienen de España. Todo el papeleo para los ‘suppliers’ fue un cambio muy grande y luego las aduanas y todo eso se paró. Los vinos tardaban en venir dos meses”, añade Ortega, gerente de los reconocidos restaurantes Bar esteban, Escocesa & Maresco.
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El entonces primer ministro, David Cameron, convocó, el 20 de febrero de 2016, más por compromiso que por convicción, un referendo para que la población decidiera si quería que el país se mantuviera dentro de la Unión Europea o saliera.
Como a Ortega, a millones de personas esa jornada electoral los marcó. Fue un momento que llegó tras una agria disputa histórica y como consuelo para evitar la implosión del Partido Conservador.
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Las concesiones de Bruselas para evitar el Brexit no lograron convencer al sector euroescéptico de los Tories -como se conoce a los conservadores- y la separación se consumó cuatro años después.
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Brexit: el gran polarizador de los británicos
Al momento del referendo, hace una década, el país estaba tan polarizado que el propio gabinete de Cameron, que lideraba la campaña para mantenerse en el bloque, estaba dividido entre Leave (salir) y Remain (permanecer).
Los Tories euroescépticos pronto amplificaron el discurso de quien es considerado el verdadero arquitecto del Brexit, Nigel Farage, quien, desde su silla en el Parlamento Europeo y por más de 20 años, ha planteado las ventajas del divorcio con Bruselas.
Este discurso hizo que la campaña del 2016 estuviera dominada por el miedo, cifras infladas y una confrontación extrema. La tensión repuntó con el asesinato de la diputada laborista y proeuropea Jo Cox una semana antes de la votación.
Desde entonces, la polarización es el sentimiento que describe mejor la realidad británica, mientras crece el descontento y/o el arrepentimiento de dejar la UE.
El sábado 20 de junio, días antes del décimo aniversario del referendo, unas 1.500 personas se movilizaron en Londres para exigir el retorno del Reino Unido a la UE. Los mensajes de los manifestantes: «El Brexit apesta», «No quiero que mi país retroceda, quiero que avance» y «Volver a la UE por el comercio y el empleo».
“Las personas que votaron hace diez años se han mantenido en gran medida en su postura (…) Pero, ha habido otro cambio de opinión, este se ha producido principalmente entre los partidarios del Brexit, sobre todo entre aquellos que no votaron en 2016”, explica Sara Hobolt, profesora del Departamento de Gobierno del London School of Economics and Political Science (LSE), a France 24.
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Brexit para recuperar el control: ¿se logró?
Uno de los argumentos principales de los Tories euroescépticos y de la derecha era “recuperar la soberanía”, que se traducía en el control de las fronteras, un no a la legislación y leyes europeas y que las industrias simbólicas como la pesca prosperaran.
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“El Brexit tenía que ver con recuperar el control y eso se refiere básicamente a quién dicta las leyes en el Reino Unido. Ese fue un punto crucial. Ahora bien, cómo se decide utilizar ese poder una vez recuperado depende de quién ocupe el número 10 de Downing Street y quiénes estén en el Parlamento”, afirmó el lord Matthew Elliott, quien lideró la campaña Vote Leave (salir de la UE), en un foro en el LSE.
Ahora, esa toma de control ha sido cuestionada ante la inestabilidad política que ha marcado este periodo. Desde principios de 2016 han ocupado el 10 de Downing Street, sucesivamente, los conservadores David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak y el laborista Keir Starmer. Y ahora se espera la designación de un séptimo primer ministro.
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Límites a la migración: ¿la gran promesa incumplida?
Entre los asomos del verano y el movimiento frenético en la cocina del restaurante antes de que abra para el servicio de comida, Naroa disfruta de un vino blanco, mientras comenta el impacto económico de los cambios migratorios.
“Europeos no hay más. El que está ahí, el que trabaja, pues ya tiene su trabajo, puede haber una rotación. Pero, más europeos no vienen porque no pueden venir”, cuenta Naroa Ortega.
La empresaria comenta que, con la salida masiva de europeos, empezó la escasez de mano de obra para industrias como la hostelería, salud, cuidado de mayores y recolección de cosechas.
Justamente, frenar la libre circulación de ciudadanos europeos que podían radicarse y trabajar en el Reino Unido fue una de las grandes promesas de la campaña del Brexit.
El divorcio obligó a los ciudadanos europeos que residían en el Reino Unido hasta el 2016 a cambiar su estatus migratorio y obtener el permiso de asentamiento permanente, que les permite vivir y trabajar sin necesitar una visa.
Según la organización 3Million, que apoya a los ciudadanos europeos en esa labor, 6 millones de personas han obtenido este permiso.
“Es complicado encontrar gente capacitada, porque los que son buenos suelen estar ya enganchados y están trabajando en otras empresas. Entonces es difícil encontrar mano de obra capacitada”, explica a France 24 Guillermo Baró, gerente de Shakery Group, una firma que orienta en la gestión de espacios comerciales.
La paradoja con esta promesa es que la inmigración procedente de la UE efectivamente se desplomó tras el fin de la libre circulación, pero, a la par, repuntaron las llegadas desde fuera del bloque, lo que llevó a niveles récord de inmigración irregular en 2023.
Cifras oficiales indican que, a finales de marzo de 2026, 43.806 personas llegaron a través del canal de la Mancha, por ejemplo.
«Todo se basó en la inmigración, y se ha demostrado que eso es un completo disparate» y que «la vida se ha vuelto más difícil» porque todo es más caro, se queja Clare Hall, organizadora de la Marcha Nacional por la Reincorporación (NRM), que tuvo lugar el fin de semana pasado. La generación más joven «pagará las consecuencias» del Brexit, agregó.
Con el tiempo, el tema de la inmigración irregular se ha posicionado en la cumbre de las preocupaciones de los británicos, generando protestas violentas, aupadas por grupos de extrema derecha.
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Y, a pesar de haber sido un impulsor del Brexit, la narrativa antiinmigración despejó el camino para que Nigel Farage y su nuevo partido, Reform UK, llegaran por primera vez al Parlamento Británico, en 2024, y se proyecten como una fuerza con posibilidad de gobernar en el futuro.
«Todo se basó en la inmigración, y se ha demostrado que eso es un completo disparate»
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El terremoto político y el debate sobre volver a la Unión Europea
Unas horas después del triunfo del Brexit, el 24 de junio de 2016, David Cameron renunció. Desde entonces, el país ha tenido seis primeros ministros y tendrá próximamente el séptimo, con la renuncia de Starmer este lunes. Una señal inequívoca de inestabilidad política.
“Fue el acontecimiento más trascendental en el Reino Unido desde 1945. La Segunda Guerra Mundial fue importante para toda Europa, pero lo que ocurrió en 2016 fue algo exclusivo del Reino Unido, aunque, evidentemente, tuvo repercusiones en el resto de la Unión Europea, y cambió al Reino Unido y seguirá haciéndolo durante décadas», resalta el profesor Tony Travers, experto en política británica de LSE.
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Esto no significa que Reino Unido «no pueda recuperarse y reorganizarse para hacer frente a la nueva situación y, con el tiempo, acabar pareciéndose un poco más a la relación de Suiza con la UE”, matiza el académico.
En todo caso, para bien o para mal, el vínculo con la UE ha sido un asunto clave en esta década y lo sigue siendo ahora ante la sucesión de Keir Starmer. Sobre el tema, Andy Burnham, quien es el favorito de los diputados laboristas, insiste en respetar el resultado del referendo, pese a las voces que piden la reincorporación.
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No obstante, el director del centro de pensamiento UK in a Changing Europe (UKICE), Anand Menon, aclara que el proceso para obtener una nueva membresía de Bruselas sería muy largo y muy caro. Aunque es un escenario que les interesa cada vez más a los británicos.
Un análisis de UKICE afirma que, en promedio, el 60% de los británicos apoyaría el regreso al bloque, frente al 40% que apoya el Brexit.
Pero una relación más cercana entre Londres y Bruselas estaría condicionada, según una encuesta de la firma YouGov. El 70% de los consultados quisiera un lazo más cercano, pero sin regresar al bloque, ni al Mercado Único, ni al Sistema de Aduanas.
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Mientras tanto, según otro sondeo, la población, especialmente los jóvenes entre los 18 y los 24 años, también ha expresado su descontento al haber podido votar en el referendo de 2016. De acuerdo con la firma Statista, el 57% de los consultados cree que el Brexit fue un error, mientras que el 30% lo apoya.
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Escocia sigue gritando independencia
En el terreno político, también se ve el impacto en Escocia e Irlanda del Norte, países del Reino Unido. Escocia optó por el no en 2016 al Brexit y, tras una década, el descontento con la separación de la UE viene en aumento.
Es que antes del Brexit, en 2014, el entonces gobierno escocés hizo un acuerdo con Londres para hacer campaña en contra del referendo de independencia con el que esa nación pretendía salir del Reino Unido. Pero el acuerdo contemplaba que Escocia seguiría dentro de la UE.
“Escocia fue una de las dos naciones del Reino Unido que votó a favor de permanecer en la Unión Europea”, sostiene Sara Hobolt. Sin embargo, los escoceses, especialmente en Glasgow, dicen haber sido traicionados porque fueron obligados a romper lazos con Bruselas en contra de su voluntad.
Por eso, el Brexit ha reavivado el deseo de independencia, amplificado por los triunfos consecutivos en las urnas de los nacionalistas del Scottish National Party, que dicen tener un mandato renovado para realizar un segundo referendo.
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Irlanda del Norte, un pie en Reino Unido y el otro en la UE
En 2016, Irlanda del Norte avizoraba un futuro prometedor, luego de un proceso de paz imperfecto pero encarrilado tras la firma del acuerdo del Viernes Santo (1998), que puso fin al conflicto identitario. Pero, tras el Brexit, el país afronta unos particulares desafíos políticos, migratorios y de comercio, relacionados con su estatus único, que lo dejó con un pie en el Reino Unido y otro en la UE.
Un protocolo negociado por el conservador Boris Johnson dejó a la provincia en 2021 alineada con parte de la normativa de la UE para mantener abierta la frontera terrestre entre las dos Irlandas, en cumplimiento de los acuerdos de paz, aunque sin controles visibles.
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De esa forma, se trasladaron los controles aduaneros al mar de Irlanda, lo que generó dificultades comerciales para las empresas norirlandesas que importan mercancías desde Gran Bretaña.
«Han sido diez años muy difíciles», asegura a la agencia EFE Glyn Roberts, director ejecutivo de ‘Retail NI’, que representa a unos 3.000 comercios en la región.
El estatus además ha generado fuertes fricciones migratorias, con protestas violentas, al ser visto por algunos actores como una ‘puerta trasera’ para la entrada descontrolada de extranjeros al Reino Unido.
«Tengo que decir que hoy nos encontramos en una situación peor que la que teníamos antes del referéndum. No hay ninguna duda al respecto, tanto en lo relativo al comercio como al estado general de la economía británica», lamenta Roberts.
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