Las autoridades congoleñas alertaron sobre 808 casos y 192 fallecimientos por el mortal brote de ébola, desde que fue declarado el pasado 15 de mayo, lo que implica una tasa de mortalidad del 23 %. Además, unas 363 personas permanecen «en aislamiento» por sospecha de contagio por la cepa Bundibugyo, para la cual no existe tratamiento ni vacuna, señaló el Ministerio de Salud.
El reporte epidemiológico, divulgado el lunes, tiene en cuenta los datos disponibles hasta el domingo 14 de junio. Un día antes, el Ministerio de Salud informó de uno de los mayores aumentos diarios de casos al registrar 72 nuevos diagnósticos en 24 horas.
«Nadie conoce la verdadera magnitud ni la propagación exacta de la enfermedad»
La enfermedad, que se transmite a través de fluidos corporales incluso después de la muerte, se está propagando rápidamente por tres provincias, detalló el Ministerio de Salud: Ituri–epicentro del brote–, Kivu del Norte y Kivu del Sur, donde 31 de las 104 demarcaciones sanitarias se han visto golpeadas.
La mayor incidencia se concentra en Ituri, donde se han detectado el 90% de los casos. Esta provincia comparte frontera con Uganda, el segundo país afectado por la infección, con 19 contagios, incluidos 14 que se consideran importados de la República Democrática del Congo. Dos personas han fallecido en este país por la enfermedad.
«Un mes después, el brote de ébola está superando la capacidad de respuesta», remarcó Kate White, coordinadora médica de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF) en la República Democrática del Congo, quien sostuvo que «nadie conoce la verdadera magnitud ni la propagación exacta de la enfermedad».
La coordinadora de MSF mostró su preocupación por la saturación de los centros de tratamiento en el epicentro del brote, donde muchos pacientes llegan en fases avanzadas de la enfermedad sin haber sido identificados previamente como contactos de personas infectadas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene su estimación de riesgo «alto» por el brote en África subsahariana y «bajo» a escala global.
Unas 48 personas han ganado la batalla contra la infección en la RD Congo, según el Gobierno.
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La Cruz Roja cree que lo peor está por llegar
Bruno Michon, director de operaciones de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, explicó que «es muy difícil saber con exactitud hasta qué punto se está propagando la epidemia», aunque estimó que «el pico no está detrás, sino delante», como una advertencia de que lo peor está por verse.
La falta de centros de tratamiento y la resistencia de la comunidad a las estrictas medidas de higiene han obstaculizado la respuesta de las entidades. «Tememos que esto pueda durar un año, hasta que se acabe con esta enfermedad», señaló Michon a los periodistas por videoconferencia desde el este de la RDC.
El director de las operaciones de la Cruz Roja describió insultos, amenazas y ataques en los últimos días contra el personal desplegado en el terreno, quienes trabajan en la concientización de las comunidades y colaboran para que los entierros de las víctimas sean seguros, dado el alto grado infeccioso de los cadáveres.
Algunos residentes han llegado a prender fuego a las tiendas de campaña instaladas provisionalmente para hacer frente a la enfermedad. «Generar confianza lleva tiempo. Requiere honestidad, paciencia y humildad, pero en este brote no es opcional, es una cuestión de vida o muerte», afirmó Michon.
El virus del ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados y causa fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y hemorragias internas.
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Sin agua ni financiación
Solo uno de cada cinco centros médicos en la provincia de Ituri, epicentro del brote, dispone de suficiente agua potable, denunció Oxfam Intermón en un comunicado, difundido esta semana.
«El agua, la primera y más importante línea de defensa en cualquier emergencia de salud pública, simplemente no está disponible. Los mineros que trabajan en las zonas cercanas no tienen acceso a baños ni instalaciones para lavarse las manos», lamentó Manel Rebordosa, coordinador de respuesta de la ONG en Ituri.
En la localidad minera de Mongbwalo, por ejemplo, «solo el 20 % de la población tiene acceso» a agua potable y «apenas el 25 % dispone de infraestructura funcional de saneamiento e higiene», por lo que «muchas familias se ven obligadas a utilizar agua contaminada por residuos químicos procedentes de actividades mineras», precisó la entidad.
La carencia de infraestructura adecuada dificulta la asepsia en los centros de salud, «que luchan por eliminar de forma segura los residuos infecciosos», explica Oxfam.
El Gobierno congoleño indicó que las cifras no demuestran únicamente que el brote se está propagando rápidamente, sino que también reflejan una vigilancia más activa. «Los miembros de la comunidad están reportando casos sospechosos y los equipos de respuesta los están investigando», escribió la institución en X.
Sin embargo, Oxfam sostiene que la tasa de rastreo de contactos se sitúa actualmente «muy por debajo» del 79 % registrado durante el brote de ébola que sacudió la misma zona entre 2018 y 2020.
«Un mes después del brote de 2018, el personal sanitario lograba tasas de rastreo de contactos en las que casi ocho de cada diez contactos conocidos eran supervisados», recordó Rebordosa, al atribuir la situación actual a «la retirada de fondos estadounidenses para la vigilancia epidemiológica» y «a graves déficits de financiación» en general.
Oxfam Intermón destacó que el presupuesto para ayuda humanitaria mundial destinada a República Democrática del Congo se ha reducido casi un 46 % —de 2.580 millones de dólares en 2024 a 1.400 millones de dólares en 2026—, hasta alcanzar el nivel de cobertura más bajo de la última década.
Con AP y EFE
