Un padre de familia, detenido por el ICE durante un partido, advierte a los aficionados inmigrantes


Él pensaba que sería el día más hermoso del año, que les daría a sus hijos la sorpresa de su vida. En esa tarde de julio de 2025, Manuel* lleva a dos de sus hijos al MetLife Stadium de East Rutherford, en Nueva Jersey, para asistir a la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA entre el PSG y Chelsea. Para que esos recuerdos quedaran grabados para siempre, Manuel sacó un pequeño dron en el área de parqueo del estadio.

No logra hacer despegar el dron. “Honestamente, cuando lo intenté, apareció un punto rojo”, explica. Manuel no sabe en ese momento que se encuentra en una zona de prohibición de vuelo. En cuestión de segundos, las fuerzas de seguridad lo rodean.

El joven padre de familia asegura que no sabía que el presidente estadounidense Donald Trump asistía al partido ese día, ni que el dispositivo de su equipo de seguridad personal había declarado zona de exclusión aérea el cielo sobre el MetLife.

“Me dijeron que eran agentes del Servicio Secreto, a cargo de la seguridad del presidente”, cuenta Manuel.

El padre de familia no tuvo tiempo de despedirse de sus hijos. Santiago*, el menor, estaba en el parqueadero cuando los agentes rodearon a su padre. Recuerda haber sido empujado violentamente por las fuerzas de seguridad. “No me dejaban acercarme a él. Empujaron a mis hijos como si fueran basura”, dice Manuel, con voz tensa.

“No hice nada malo”

Luego, llevaron a Manuel a una oficina dentro del estadio, donde verificaron su identidad. “Al principio me aseguraron que solo me iban a poner una multa y dejarme ir”, continúa Manuel. “Y luego me subieron a una camioneta”, agrega.

Fue entonces cuando llegó el golpe más duro. Manuel había entrado a Estados Unidos como solicitante de asilo en 2022, pero su solicitud había sido anulada apenas un mes antes del partido debido a las nuevas normas impuestas por la administración Trump en materia de inmigración.

“No recibimos ninguna carta, ningún correo electrónico, ninguna advertencia de parte de nuestro abogado. Nada”, explica su esposa María. Ella conserva, meticulosamente archivados en una carpeta en su casa, todos los documentos de inmigración de la familia.

“No le permitieron llamar a su abogado, no le concedieron derechos de defensa. Lo obligaron a firmar un documento que no entendía”, continúa María.

“Me dijeron que mi caso había sido cerrado y que me iban a detener. Una mujer que se identificó como agente del FBI me entregó entonces al ICE”, cuenta Manuel.

“Les supliqué a los agentes. Les dije que no había hecho nada malo”, continúa.

Un agente de ICE frente al centro de detención Delaney Hall durante una protesta contra el traslado de detenidos el miércoles 27 de mayo de 2026, en Newark, Estados Unidos.
Un agente de ICE frente al centro de detención Delaney Hall durante una protesta contra el traslado de detenidos el miércoles 27 de mayo de 2026, en Newark, Estados Unidos. © Seth Wenig / AP

El caso de Manuel no es un caso aislado. Según la ONG Human Rights Watch, 167.000 personas fueron detenidas por los servicios de inmigración en las once ciudades sede del Mundial solo entre enero y marzo de este año. Algunas fueron deportadas sin posibilidad de recurso legal.

Minky Worden, directora de programas internacionales de Human Rights Watch, considera que esta combinación entre la pasión de las personas de origen inmigrante por el fútbol y el endurecimiento de los controles en territorio estadounidense es peligrosa.

“Que se aseguren de que la Copa del Mundo sea un evento seguro está muy bien”, dice. “Pero lo que preocupa a la gente es que el ICE separe a las familias. Se teme que algunas medidas no tengan como objetivo proteger a los aficionados, sino más bien señalarlos en función de su estatus migratorio”, agrega.

Once semanas pasadas en un centro de detención

Manuel fue trasladado a Delaney Hall, un centro de detención de Nueva Jersey, administrado por una empresa privada. Allí pasó once semanas.

Desde entonces, el lugar se ha convertido en uno de los centros de detención más vigilados del país. Cerca de 300 detenidos firmaron una carta en mayo, en la que describían unas condiciones que calificaban de “abominables”, antes de iniciar una huelga de hambre.

Según la ACLU de Nueva Jersey, la antena local de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, el ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, respondió lanzando gas pimienta contra los detenidos y contra los familiares que se manifestaban afuera, además de agredir a los periodistas.

Manuel le confiesa a France 24 que algunos guardias parecían “borrachos o drogados” y que el centro a veces servía comida tan fría que “parecía que estuviéramos comiendo helado en lugar de una comida caliente”.

Ahora se esconde en un país de América Latina. Su esposa María explica que la familia huyó del continente para buscar refugio en Estados Unidos después de ser perseguida por un grupo armado que los amenazaba de muerte.

“El comportamiento de su hijo ha cambiado”

Casi un año después, los niños solo hablan con su padre por videollamada. Cada noche, Manuel canta “Los Pollitos”, una canción infantil, por FaceTime, mientras el menor, Julio, esconde la cabeza en el cuello de María, con las piernas enredadas alrededor de su cintura.

“Lo extraño muchísimo”, confiesa Sebastián*, el mayor, bajando la mirada y sonriendo tímidamente. “Cocinábamos juntos, él bromeaba y jugaba con nosotros”, cuenta el joven.

En el hogar, la situación es crítica. La primera señal llega en una nota de la profesora de Santiago*, el segundo de los hijos, dirigida a María unas semanas después del arresto.

“El comportamiento de su hijo ha cambiado de repente. Venía a clase feliz y con ganas de aprender, pero ahora está siempre de mal humor y ha perdido todo interés. Espero que todo vaya bien en casa”, dice el mensaje.

Para aguantar, María mantiene un pequeño altar en su casa: una estatua de Jesús, fotos de familia, trofeos de fútbol de los chicos. Allí reza por la mañana y por la noche, leyendo el salmo 91: “No temerás los terrores de la noche, ni la flecha que vuela de día”.

Manifestantes contra el ICE sostienen pancartas y agitan banderas frente al Dodger Stadium, el sábado 21 de junio de 2025, en Los Ángeles, Estados Unidos.
Manifestantes contra el ICE sostienen pancartas y agitan banderas frente al Dodger Stadium, el sábado 21 de junio de 2025, en Los Ángeles, Estados Unidos. © Damian Dovarganes / AP

“Este pasaje habla de la familia y de encontrar refugio en los momentos más oscuros”, explica María. Ella también sufre por la ausencia de su esposo. Llevan juntos desde la secundaria.

Manuel no puede regresar a casa. En América Latina, está escondido en un apartamento, sin cuenta bancaria y sin nada a su nombre: cualquier cosa que pueda rastrearse podría alertar al grupo armado que obligó a su familia a huir. Su esposa le envía dinero desde Estados Unidos. Apenas sale de su escondite.

Su familia tampoco puede reunirse con él. Julio, que tiene autismo, recibe en Estados Unidos un seguimiento escolar especializado que, según sus padres, no encontraría en América Latina. “En Estados Unidos, mi hijo progresa, las escuelas nos han enseñado tantas cosas”, dice Manuel. “Aquí, simplemente nos dirían: está enfermo, llévenlo a casa”, agrega.

La carta de la última esperanza

María, por otra parte, ha escrito una carta al presidente Donald Trump. La guarda doblada entre sus documentos, entre las solicitudes de residencia, el permiso de trabajo y cada papel que le han entregado en suelo estadounidense.

“Entendemos, señor presidente, sus preocupaciones respecto a la seguridad de Estados Unidos, y respetamos sus esfuerzos por proteger a esta nación y a sus ciudadanos”, escribe. “Como padres, le pedimos que considere nuestra situación con compasión. Permita que nuestra familia vuelva a reunirse. Somos simplemente seres humanos que, como usted, aman a su familia y quieren vivir en paz y seguridad”, continúa.

María asegura que ha pagado sus impuestos cada año desde que llegó a suelo estadounidense, sin solicitar nunca ayuda del Estado, y llegando incluso a rechazar las prestaciones a las que su hijo autista podría haber tenido derecho, por temor a que eso pesara en su expediente. “Dicen que solo deportan a los delincuentes. Nunca hemos hecho nada malo”, dice Manuel.

María sostiene una carta que le envió la escuela sobre su hijo después de que su papá fuera detenido por el ICE
María sostiene una carta que le envió la escuela sobre su hijo después de que su papá fuera detenido por el ICE. © Jessica Le Masurier

El padre de familia no estará en el MetLife para la final del Mundial. Verá el torneo separado de su esposa y sus hijos.

Aunque pudiera regresar a Estados Unidos mañana e ir a un partido, no iría. Y se lo desaconsejo a los demás también. No se sabe lo que puede pasar. Te pueden detener en el parqueadero. Te pueden detener en la carretera de camino al estadio. No correría ese riesgo”, dice.

*Se han cambiado los nombres para proteger la identidad de la familia.

Al ser contactados, ni la FIFA ni la policía de Nueva Jersey respondieron a nuestras preguntas antes de la publicación.

Este artículo fue adaptado de su versión original en francés.

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