
Implicado relata horas de terror en la casa del artista dominicano.
El reloj marcaba las 5:40 de la tarde cuando la confianza se convirtió en tragedia. Zeneida Socorro Castillo, la esposa del reconocido merenguero Gilberto Julián Sarante Perdomo (Julián Oro Duro), acababa de brindarles jugo y entablar una conversación en la sala de su casa con dos hombres. Segundos después, cuando se giró hacia el fregadero, uno de ellos tomó un florero y la golpeó en la cabeza. Lo que inició como un supuesto trabajo de transporte rápido por 20,000 pesos, terminó en uno de los crímenes más crudos que ha sacudido al mundo del espectáculo nacional.
La escalofriante secuencia de eventos salió a la luz pública a través de la confesión de Kevin Daniel Germán Troncoso, alias “Yandel”, difundida a Apogeo TV. Este joven motorista, oriundo de La Victoria, decidió entregarse a las autoridades para contar su versión de los hechos. Asfixiado por las deudas de su motocicleta y el corte de sus servicios de cable, Yandel aceptó lo que parecía un encargo sencillo: transportar a un hombre. El contacto fue hecho por un conocido apodado «Peña», quien lo enlazó con su tío, un hombre que, según las revelaciones, era el chofer del propio Julián Oro Duro.
La traición en la sala
El testimonio detalla que Yandel recogió al atacante —un hombre de baja estatura, fornido y calvo— en la Circunvalación de La Victoria. Al llegar a la casa de la víctima, alrededor de las 5:00 de la tarde, no hubo forcejeos ni puertas rotas. Zeneida reconoció al hombre inmediatamente. Le permitió el paso, conversaron sobre temas personales y hasta de las presuntas amantes que llamaban para molestarla.
La familiaridad fue el arma principal. Tras el golpe a traición con el florero, la víctima cayó al piso. El atacante procedió a estrangularla y, para asegurar su silencio definitivo, le infligió heridas con un arma blanca en el área abdominal.
Acorralado y amenazado con un arma de fuego por el asesino, el joven motorista quedó atrapado en la escena. «No te vayas, que ya estamos metidos los dos», le advirtió el sicario a Yandel.
El saqueo y la espera en la oscuridad
Con el cadáver en la vivienda y una señora mayor con Alzheimer encerrada en otra habitación por los asaltantes, el homicida procedió a registrar la casa. Se dirigió al primer cuarto, buscó en una maleta azul y extrajo un botín que rondaba los 400,000 pesos y una cantidad no precisada de dólares.
Pero el plan no había terminado. El objetivo principal era el artista.
Siguiendo las órdenes que el ejecutor recibía por mensajes de texto del supuesto «tío», los delincuentes apagaron las luces y esperaron durante más de siete horas dentro de la vivienda. Sabían que Gilberto Julián llegaba de trabajar entre la medianoche y la una de la madrugada. El asesino le quitó las llaves a la puerta, giró la cerradura tres veces y se preparó para la emboscada.
La emboscada a Julián Oro Duro
Cuando el artista entró a su hogar, encontró la oscuridad total, algo inusual en su rutina. Apenas cruzó el umbral, el sicario lo atacó sin piedad, propinándole entre tres y cuatro golpes contundentes en el rostro con un palo, causándole graves heridas en un ojo.
En medio de la confusión y los golpes, el agresor le arrebató la cartera y una cadena, mientras le exigía los objetos de valor. Tras consumar el ataque al músico, los delincuentes emprendieron la huida en la motocicleta de Yandel con rumbo a la Avenida Ecológica.
Durante el escape, el ejecutor destruyó el teléfono de la víctima y se comunicó con el autor intelectual para confirmar el éxito de la operación. Al llegar nuevamente a la zona de La Victoria, el asesino tiró los 20,000 pesos acordados al suelo, tomó control de la motocicleta y desapareció.
Kevin Daniel Germán Troncoso, quien afirma no haber participado activamente en el asesinato ni en los golpes, confesó que el miedo a las represalias de la red criminal vinculada al chofer del artista lo mantuvo oculto hasta ahora, momento en el que decidió buscar mediación para entregarse a la justicia y enfrentar su responsabilidad en la tragedia que enlutó a la familia Sarante Castillo.
