
Mientras los propios desarrolladores de la inteligencia artificial agitan el fantasma de una tecnología desbocada que terminará escapando a su control para reclamar su propia regulación, mecanismos más silenciosos deterioran aceleradamente el mundo laboral sin necesidad de reemplazar por completo al ser humano. Lejos de la ciencia ficción, ¿cuál es el impacto real de esta herramienta y quién decide verdaderamente sobre su futuro?
No hay día sin titulares sobre la IA. Titulares sobre su descontrol, sobre los posibles acuerdos entre China y Estados Unidos, grandes rivales y al mismo tiempo grandes árbitros de una tecnología regida por empresas propulsadas por la desregulación y que ahora lanzan un llamado contundente a desacelerar.
«No es la primera vez que hay una secuencia mediática sobre las potencialidades, los poderes, los riesgos de la inteligencia artificial», advierte Juan Sebastián Carbonell, sociólogo del mundo del trabajo, autor de ‘Un taylorismo aumentado, crítica de la inteligencia artificial’ (Ediciones Amsterdam).
El investigador recuerda que es una tecnología existente desde los años 1950. Recuerda igualmente que en esta nueva secuencia mediática «las empresas de tecnología y las empresas de Inteligencia Artificial anuncian estos riesgos existenciales con respecto a la tecnología que ellos mismos desarrollan» invirtiendo millones, sino billones, en nuevos centros de datos.
Al anunciar estos riesgos, ellos mismos se reservan «la responsabilidad de controlar o si no de regular esta tecnología. Y esto plantea, a mi parecer, un problema que es un problema de democracia sobre quién decide sobre esta tecnología y cuáles son sus reales finalidades.»
Un programa coordinado por Julia Courtois, realizado por Souheil Khedir y Guillaume Buffet.
