La CIA alerta un ataque ruso con drones contra España, Francia o Italia: esto es lo que sabemos


Rusia apunta a extender la guerra más allá de las fronteras con Ucrania. Y la CIA ya ha emitido la alerta.

La información fue revelada primero por el corresponsal Xavier Colás en el diario ‘El Mundo’, según la cual los servicios de inteligencia de Estados Unidos han compartido con varios gobiernos europeos información sobre los planes de una posible escalada rusa en Europa. Colás, también corresponsal de France 24, sitúa el origen temporal de la alerta en la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú el 25 de agosto.

El director de la CIA viajó a Moscú para mantener reuniones con funcionarios rusos, aunque ni Washington ni Moscú hicieron públicos los detalles de la agenda, como reportó entonces la agencia de noticias Reuters.

Según la investigación de ‘El Mundo’, gobiernos de España, Francia e Italia habrían recibido información sobre la posibilidad de una operación con drones contra uno de estos países. Varios analistas de defensa consultados por el periódico afirmaron conocer la existencia de un informe estadounidense que habría circulado entre cancillerías europeas.

La posible operación rusa incluye drones Gerbera y lanzamiento desde buques comerciales en el Mediterráneo. Sin embargo, de momento, no se ha hecho público el informe de la CIA ni existe confirmación oficial de que Moscú haya decidido ejecutar el ataque.

Drones desde barcos mercantes: el escenario del posible ataque

De acuerdo con la investigación, fuentes próximas al Ministerio de Defensa de Lituania sostienen que Moscú podría recurrir a buques comerciales para transportar y ocultar los drones, haciendo que la plataforma de lanzamiento se confunda con el tráfico marítimo ordinario.

El escenario descrito por Colás apunta al Mediterráneo y a aguas internacionales. La idea sería que los drones fueran transportados a bordo de un mercante y empleados posteriormente contra un objetivo situado en alguno de los tres países señalados.

El objetivo de este método tendría una doble ventaja, siempre según las fuentes citadas por ‘El Mundo’: dificultaría atribuir inmediatamente la operación a un determinado barco y permitiría a Rusia actuar sin necesidad de desplazar aeronaves o fuerzas militares convencionales hasta territorio de la OTAN.

¿Qué es el Gerbera con el que Rusia perpetraría el ataque?

El aparato que aparece en el informe es el Gerbera, un dron ruso de pequeño tamaño utilizado en la invasión del Kremlin contra Ucrania.

Según las características recogidas por ‘El Mundo’ y reproducidas por ANSA, mide aproximadamente dos metros de longitud, tiene una envergadura de unos 2,5 metros, puede pesar hasta 18 kilos y alcanza una velocidad aproximada de 160 kilómetros por hora. Su autonomía máxima declarada ronda los 600 kilómetros, aunque el alcance real depende de la configuración del aparato, la carga y las condiciones de vuelo.

Su capacidad destructiva es limitada frente a otros drones empleados por Rusia. La información publicada sitúa en torno a cuatro o cinco kilos la carga explosiva de determinados Gerbera recuperados en Europa. 

ANSA coincide en esa magnitud y señala que un aparato de esas características no está concebido para destruir grandes instalaciones, sino que puede causar daños localizados, incendios o interrupciones de actividad.

Precisamente su reducido tamaño es parte del interés que tendría para una operación encubierta. Según la investigación de Colás, varios aparatos podrían ser transportados en un barco mercante, en lugar de utilizar drones mayores como los Shahed o Geran.

¿Qué podría intentar conseguir Rusia?

La hipótesis descrita en ‘El Mundo’ no plantea necesariamente una campaña de bombardeos masivos contra ciudades europeas. El efecto buscado podría ser mucho más limitado —y, al mismo tiempo, políticamente significativo—.

Un ataque con un Gerbera podría, según las fuentes citadas por Colás, provocar un incendio, dañar equipamiento expuesto, interrumpir temporalmente las operaciones de un aeropuerto o puerto o afectar a una instalación determinada.

El verdadero objetivo podría ser demostrar que Rusia es capaz de alcanzar la retaguardia europea desde una plataforma marítima difícil de identificar.

El analista británico Keir Giles, especialista en estrategia militar rusa, explica en la investigación que Moscú no necesariamente tendría que escoger el país más próximo a Rusia. Su hipótesis es que la selección podría responder a dónde existe una combinación más favorable de vulnerabilidad defensiva, impacto político y capacidad de generar incertidumbre.

La idea encaja con una tendencia que otros servicios de inteligencia europeos han señalado durante los últimos meses: una campaña rusa de sabotaje, provocaciones y operaciones por debajo del umbral de una guerra abierta con la OTAN. ‘The Guardian’ informó esta semana que responsables de inteligencia europeos han advertido sobre posibles nuevas provocaciones rusas contra países de la Alianza, aunque también existen funcionarios de inteligencia bálticos que llaman a no exagerar la inminencia de una escalada.

¿Por qué España, Francia o Italia serían el blanco?

La investigación destaca que España, Francia e Italia comparten una circunstancia política: los tres afrontarán procesos electorales relevantes en 2027. Una operación limitada, pero espectacular, podría ser utilizada por Moscú para aumentar el miedo, alimentar el cansancio provocado por la guerra de Ucrania y explotar las divisiones existentes dentro de las sociedades europeas.

Colás cita además a analistas que consideran que Francia e Italia presentan determinados espacios políticos con posiciones favorables a una reducción del apoyo europeo a Ucrania o, en algunos casos, más próximas a los intereses de Moscú. Se trata, sin embargo, de una interpretación analítica y no de una explicación oficialmente atribuida al Gobierno ruso.

El cálculo señalado por Giles sería más amplio: Rusia buscaría el punto en el que una acción relativamente pequeña pudiera producir un efecto político y económico desproporcionado. En esa lógica, la distancia geográfica respecto de Rusia no sería suficiente para garantizar la seguridad de un país.

España tampoco quedaría fuera por su distancia de Rusia. La posibilidad de una amenaza procedente del Mediterráneo modifica el mapa psicológico de la guerra europea.

España se encuentra a miles de kilómetros de la frontera rusa y tradicionalmente ha percibido el conflicto de Ucrania como una amenaza más directa para los países del flanco oriental de la OTAN. 

Pero el Mediterráneo podría convertirse en una vía de aproximación diferente, en la que un buque comercial actuaría como plataforma móvil y permitiría acercar los drones a la costa.

En ese sentido, la cuestión no sería únicamente la distancia entre España y Rusia, sino la capacidad de detectar, identificar y neutralizar una amenaza aérea pequeña antes de que alcance un objetivo.

No sería la primera vez que Rusia experimenta con drones desde el mar

La hipótesis tampoco parte completamente de cero.

Según la información publicada por ‘El Mundo’, Rusia ya habría realizado ensayos de lanzamiento de drones desde embarcaciones. El medio ucraniano ‘Defense Express’ había descrito anteriormente escenarios de este tipo y recordó experimentos realizados por la empresa rusa ZALA.

En la memoria está, además, el incidente ocurrido el pasado febrero en el estrecho de Øresund, cuando una unidad naval sueca detectó un dron que habría despegado desde el buque ruso de inteligencia Zhigulevsk. Suecia interfirió el aparato y consideró el vuelo una violación de su espacio aéreo.

La secuencia se produce en un contexto de creciente tensión en el Báltico. El 14 de septiembre, un buque de guerra ruso lanzó dos bengalas de emergencia contra un helicóptero militar danés que realizaba tareas de vigilancia en aguas internacionales.

Estos episodios no demuestran que exista una operación preparada contra España, Francia o Italia, pero forman parte del contexto utilizado por los servicios europeos para evaluar una posible escalada.

Asimismo, la alerta estadounidense se produce después de otros incidentes atribuidos o vinculados por gobiernos europeos a Rusia.

Entre ellos, el episodio de 19 drones que en septiembre de 2025 penetraron en el espacio aéreo polaco sin llevar, según la información publicada entonces, munición. También, el incidente reciente en el aeropuerto alemán de Leipzig, que las autoridades alemanas atribuyeron a la inteligencia rusa.

Más allá de cada episodio individual, varios servicios europeos consideran que Moscú está utilizando acciones de sabotaje, espionaje y operaciones encubiertas para poner a prueba las respuestas occidentales sin provocar necesariamente una confrontación militar directa con la OTAN.

Esa evaluación coincide con la preocupación expresada públicamente por responsables europeos. ‘The Guardian’ ha informado advertencias de distintos jefes de inteligencia europeos sobre posibles nuevas acciones rusas contra la OTAN, aunque las valoraciones sobre el momento y la probabilidad de una escalada difieren entre países.

El Mediterráneo como nuevo espacio de preocupación

El posible uso del Gerbera tiene sentido dentro de esa lógica debido a que el valor de la operación no dependería exclusivamente de los daños materiales.

Un ataque de pequeña escala contra una infraestructura crítica podría obligar a cerrar temporalmente un aeropuerto, interrumpir una actividad portuaria o generar un despliegue extraordinario de seguridad. Incluso si el daño físico fuera reducido, el impacto económico y psicológico podría ser considerable.

Moscú buscaría así demostrar que puede llevar la guerra más allá de Ucrania sin recurrir necesariamente a misiles de largo alcance o a una incursión militar convencional.

El objetivo sería, en otras palabras, hacer visible la vulnerabilidad europea.

La dimensión mediterránea ha adquirido además un componente geopolítico específico.

Canales rusos próximos al ámbito militar han comenzado a presentar el sur del Mediterráneo como una posible vía de presión sobre Francia. La investigación cita una publicación del canal de Telegram Rybar del 19 de septiembre que especulaba con la posibilidad de suministrar drones rusos a Argelia y planteaba hipotéticos objetivos en el sur de Francia.

Estas publicaciones no constituyen una prueba de que exista una operación rusa en preparación, pero sí muestran, según la investigación de Colás, que la posibilidad de utilizar el Mediterráneo como espacio de presión aparece también en determinados círculos rusos vinculados al debate militar.

La incógnita decisiva: ¿plan operativo o advertencia preventiva?

La principal incógnita sigue siendo qué grado de certeza tiene la alerta estadounidense.

Lo que se conoce públicamente es que Estados Unidos transmitió información de inteligencia a gobiernos europeos sobre una posible escalada rusa y con la investigación periodística se conocen detalles concretos del posible escenario, incluido el empleo de Gerbera desde buques comerciales.

Lo que no se conoce públicamente es una orden rusa para ejecutar el ataque, una fecha prevista, un objetivo concreto o una confirmación oficial de la CIA sobre el contenido del informe.

La visita de Ratcliffe a Moscú el 25 de agosto fue posteriormente confirmada por el mandatario Donald Trump, pero los detalles de sus conversaciones permanecen clasificados.

Pero existe un cambio en la evaluación de riesgo de algunos gobiernos europeos: la amenaza rusa ya no se analiza exclusivamente en términos de la frontera oriental de la OTAN. Según el escenario comunicado a las cancillerías, el Mediterráneo y países alejados geográficamente de Rusia también pueden formar parte del cálculo estratégico de Moscú.

Bajo ese panorama, el Gerbera no sería clave por su capacidad para destruir una gran instalación, sino por lo que representaría: un arma relativamente pequeña, lanzada desde una plataforma que podría confundirse con el tráfico comercial, capaz de convertir la distancia geográfica en una protección mucho menos fiable.

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