
Estudio de la UOC analiza el impacto emocional del ocultamiento del dinero.
Un 53 % de las personas ha incurrido en conductas asociadas a la infidelidad financiera, mientras que un 27 % admite ocultar deliberadamente información sobre sus ingresos, deudas o patrimonio a su pareja. Así lo revela una investigación publicada en el Journal of Financial Therapy sobre una muestra de 414 individuos, citada por expertos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Juicio a regidor Walky Cuevas por lavado de $264 millones y drogas
El fenómeno, que abarca desde cuentas secretas hasta préstamos no revelados, responde a motivaciones principalmente emocionales y afecta de manera desproporcionada a la estabilidad económica de las mujeres cuando existe brecha salarial o separación de bienes.
Ocultar el salario real, mantener propiedades sin declarar o asumir deudas sin el consentimiento del cónyuge son prácticas habituales dentro de la infidelidad financiera. Según la doctora en Finanzas Elisabet Ruiz-Dotras, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC e investigadora del grupo DigiBiz, este comportamiento se manifiesta tanto en el patrimonio como en el gasto.
Prisión preventiva para militar acusada de asesinar a su suegra
Ejemplos comunes incluyen a personas extranjeras que ocultan inmuebles alquilados en sus países de origen para evitar reclamos en una eventual separación, el encubrimiento de comisiones o variables salariales, e incluso el endeudamiento a través de créditos solicitados en secreto por conductas impulsivas o adicciones.
Desde la perspectiva emocional, las causas van más allá del factor monetario. Alejandro García Alamán, psicólogo, terapeuta de pareja y docente de la UOC, sostiene que las razones subyacentes obedecen a la necesidad de autonomía, el miedo al conflicto, la desconfianza y las dinámicas de poder.
Asimismo, la educación financiera recibida en el núcleo familiar influye significativamente en patrones donde el dinero se percibe como un tema tabú o estrictamente individual.
El estudio enfatiza que la falta de transparencia económica guarda una relación directa con mayores niveles de insatisfacción sentimental e interpersonal. Cuando el dinero se utiliza de manera unilateral, deja de ser una herramienta de gestión para convertirse en un factor de desequilibrio en la relación de pareja.
Herramienta de control y disparidad de género
El informe alerta sobre el impacto del control económico como manifestación de violencia psicológica. Supervisar de forma rigurosa los gastos, restringir el acceso a los fondos o impedir que la pareja trabaje son dinámicas que generan dependencia y reducen la autonomía de decisión de la persona afectada.
Esta situación se intensifica en hogares con desigualdad salarial elevada. Ruiz-Dotras señala que, habitualmente, la mujer interrumpe su desarrollo profesional para asumir el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos no remunerado. Aunque este rol genera un ahorro directo para la familia, reduce las cotizaciones a la Seguridad Social y la capacidad de ahorro de la mujer.
Educación refuerza protocolos contra violencia de género y abuso sexual en escuelas
En contextos donde rige el régimen de separación de bienes, la ruptura sentimental deja a la parte dependiente en una clara vulnerabilidad económica. García Alamán concluye que la gestión de los recursos constituye uno de los pilares del compromiso, por lo que las disputas sobre presupuesto reflejan en el fondo conflictos de confianza, libertad y reconocimiento.
