La rama de olivo suele ser símbolo de paz, tregua o rendición pacífica. En Cisjordania, sin embargo, ha quedado desprovista de ese significado. Como ya se ha vuelto una constante en los últimos años, ataques de colonos israelíes interrumpieron el inicio de la cosecha de aceitunas, que para decenas de miles de familias representa el principal modo de subsistencia.
Unos ochenta colonos vestidos de negro y con los rostros cubiertos descendieron de una colina para llevar a cabo un ataque coordinado contra un olivar en Abu Falah. Llegaron provistos de cilindros de gas y piedras. Prendieron fuego a autos y a una parte de la cosecha y arrojaron piedras que los agricultores devolvían para defenderse.
Varios de los atacantes rodearon a Heidi Levine, fotógrafa de 63 años del Washington Post, y comenzaron a patearla. Al menos 14 personas más fueron heridas en el mismo incidente, según reportes de la Media Luna Roja Palestina.
«Me atacaron, me empujaron al suelo. Por suerte tenía mi chaleco antibalas y casco, si no, probablemente ni siquiera estaría aquí, porque no paraban de patearme y patearme”, relató Levine desde el hospital en Ramala al que fue trasladada.
Otro periodista, Jasper Nathaniel, relató que pudo llegar al rescate de Levine gracias a la cobertura de jóvenes palestinos que lanzaban piedras para mantener a raya a los colonos que la agredieron.
Mientras tanto, miembros del Ejército lanzaban bombas lacrimógenas contra los agricultores que intentaban proteger su cosecha y los activistas de derechos humanos que los acompañaban.
Un video muestra a Nathaniel tratando de hacer correr a la mujer, herida y aturdida, mientras los atacantes comenzaban a perseguirlos. En un momento, Levine le dice “se llevaron todo”, haciendo referencia a su equipo fotográfico, que fue robado, así como su celular, su pasaporte y su cartera.
En la misma grabación, cuando Nathaniel le repite que deben correr, ella, exhausta, le dice “no puedo, déjame morir”.
«Llevaba marcas visibles que claramente la identificaban como periodista”, se quejó en un comunicado Matt Murray, editor ejecutivo del Washington Post.
“Aunque nos alivia que Heidi haya recibido atención médica y esté a salvo, nos indigna este ataque injustificado a una periodista que hace su trabajo y pedimos una investigación exhaustiva y un seguimiento por parte de las autoridades”, agregó Murray.
“Este es el más reciente de una larga serie de ataques violentos de colonos israelíes contra periodistas y otros civiles en la Cisjordania ocupada. Sin embargo, nuestras reiteradas peticiones de acción para enfrentar esta falta de ley han sido ignoradas por las autoridades israelíes”, denunció en otro comunicado la Asociación de Prensa Extranjera.
El año pasado, una periodista de Reuters y un fotógrafo de AFP fueron objeto de agresiones similares mientras cubrían la cosecha, en lo que parece haberse convertido en una práctica recurrente.
Una expresión de la cultura palestina
La incursión en Abu Falah fue solo una de las que se registraron este 16 de octubre, cuando en total fueron vandalizadas ocho aldeas cuyos residentes se dedican al cultivo y recolección de aceitunas.
Para ellos, el tiempo de cosecha, que se inicia junto al de su otro producto más importante, el dátil, no es solo sinónimo de sustento, sino una parte central de su cultura. “Es un vínculo histórico con la tierra y un pilar para las comunidades rurales”, apuntó un comunicado de la Oficina de los Derechos Humanos de la ONU en ocasión de ataques idénticos el año pasado.
“El olivo no es solo un árbol, es sustento, herencia y resistencia. Permaneceremos mientras haya tomillo y aceitunas”, declaró en esa oportunidad Ajith Sunghay, director de ese despacho para los Territorios Ocupados, parafraseando al poeta palestino Mahmoud Darwish.
Desde 2023, cuando los ataques de colonos se intensificaron, las pérdidas por este tipo de incursiones han sido millonarias.
El Sindicato de Agricultores Palestinos apunta que unas 110.000 familias de Cisjordania dependen de estos olivares de propiedad privada para su sustento. Otras decenas de miles de personas son contratadas como trabajadores agrícolas temporales durante el tiempo de cosecha.
Abbas Milhem, que forma parte del Sindicato, le dijo a la agencia AP que cientos de miles de olivares han sido dañados por los colonos.
En apenas un par de días desde el inicio de la cosecha este año, la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU ha registrado 200 ataques relacionados con la recolección de aceituna. Esa agencia contabiliza hasta ahora un muerto y 120 heridos, pero según el Ministerio de Salud palestino, las víctimas han sido cuatro.
En Turmus Ayya, otra localidad dedicada al cultivo, un hombre palestino-estadounidense terminó con heridas en la cabeza, luego de ser golpeado por los colonos.
En Abu Falah, uno de los heridos fue Abdel Jaber Hassan, miembro del consejo de la aldea, quien recibió disparos de munición real, a pesar de que estaba desarmado y lejos del lugar donde jóvenes palestinos trataban de repeler a los colonos.
Pero esa violencia no solo se registra en Cisjordania. En Kfarshouba, Líbano, medios locales reportaron que soldados israelíes impidieron a agricultores acceder a sus olivares, algunos de los cuales se encuentran ubicados en la llamada Línea Amarilla, que funciona como zona de amortiguación en el conflicto contra militantes de Hezbolá.
Del lado de los agresores
De acuerdo con el testimonio de Jonathan Pollack, un activista israelí que acompaña a los agricultores palestinos durante esta temporada, miembros del ejército se presentaron poco después de iniciados los actos vandálicos en Abu Falah, pero no lo hicieron para proteger a los trabajadores afectados.
El contingente militar “se mantuvo literalmente hombro con hombro con los colonos mientras atacaban a los palestinos”, afirmó Pollack.
El Ejército israelí emitió un comunicado en el que explicó que sus soldados y la policía transfronteriza lanzaron tiros de advertencia y que en un momento dispararon contra una persona específica, a la que identificaron como una amenaza potencial, probablemente aludiendo a Abdel Jaber Hassan.
El boletín, sin embargo, responsabilizó por partes iguales a agresores y agredidos. «Los intentos de incitar fricciones entre poblaciones socavan la seguridad en la zona», sostuvo el documento, aunque luego matizó: «Los ataques y la violencia contra civiles inocentes son graves e inaceptables».
“Los soldados no detienen la violencia ni protegen a los palestinos”, aseguró en conversación con AP Ziv Stahl, directora ejecutiva del grupo israelí de derechos Yesh Din. “Incluso, a veces ayudan a los colonos en los ataques”.
El primer ministro Benjamin Netanyahu también rechazó la violencia, que tradicionalmente atribuye a unos pocos revoltosos y no a un patrón generalizado, pero sugirió que los agricultores palestinos y los activistas que los acompañaban podían ser responsables de la ofensiva de la que fueron objeto.
“No permitiremos que incidentes controvertidos sean explotados para demonizar a los cientos de miles de residentes judíos respetuosos de la ley de Judea y Samaria”, indicó su despacho en un comunicado, empleando el nombre que los colonos usan para referirse a Cisjordania.
Con AP, Reuters y AFP
