Trump y el repunte de la derecha en Latinoamérica: ¿cómo queda Lula en pleno año electoral?


En busca del cuarto mandato, Lula tendrá que enfrentar un año electoral decisivo, actuando de facto como el único baluarte progresista de Suramérica. La gran cuestión es si el nuevo escenario regional puede influir en el resultado de los comicios de octubre.

“El votante brasileño promedio —o la gran mayoría de los votantes brasileños— no sabe quién es el presidente de Perú o de Colombia, ni quién ganó las elecciones allí. Por ello, creo que, desde una perspectiva electoral, el impacto es realmente escaso. Lo que, a mi juicio, representa un desafío mayor para la Administración de Lula —específicamente en lo que respecta a la elección de tantos presidentes alineados con la derecha o la extrema derecha— tiene que ver con su agenda internacional y regional”, señala a France 24 Leonardo Paz Neves, investigador del Núcleo de Prospección e Inteligencia International de la Fundación Getulio Vargas (FGV).  

“Las iniciativas de integración regional orientadas a reestructurar el sur, que Lula había previsto impulsar tras su tercera victoria electoral, han quedado descartadas en la práctica. Al fin y al cabo, no habrá partes interesadas dispuestas a promover un proyecto de integración liderado por un presidente progresista. Varios de estos líderes latinoamericanos hoy se inclinan hacia la extrema derecha y están mucho más centrados en estrechar vínculos con la agenda impulsada por la Administración Trump. Y Trump no tiene interés alguno en grandes esfuerzos de integración política en América del Sur ni, de hecho, en América Latina”, añade este politólogo. 

Otra gran incógnita ahora es si el presidente de Estados Unidos intentará de alguna forma influir en el proceso electoral del país más grande de América Latina.

Por lo pronto, Donald Trump ya ha señalado que Brasil es su próxima prioridad. Lo hizo, como de costumbre, a través de su red social, donde el 23 de junio compartió un artículo del medio estadounidense de derecha ‘NewsMax‘, que defiende que las elecciones brasileñas serán su próximo desafío.

Brasil, la «potencia política de la región»

El texto señala que las elecciones presidenciales podrían convertirse en la contienda más importante del hemisferio, al mismo tiempo que define Brasil como “la potencia política de la región”.    

John Gizzi, autor del artículo, destaca que a Trump aún le aguardan cuatro desafíos importantes. Los países mencionados en su análisis son Cuba, Nicaragua, Venezuela y Brasil.

 “Las elecciones ya están suscitando un intenso debate sobre la integridad del sistema electoral brasileño y sobre si la contienda se desarrollará de una manera que todas las partes consideren libre y justa”, escribe Gizzi. 

“Trump realmente está haciendo que América vuelva a ser grande”, continúa el texto derechista compartido por el presidente republicano. 

“Si Brasil se suma a la creciente lista de países que viran hacia la derecha, el mapa político de América Latina será drásticamente diferente de lo que era hace apenas una década”, remata. 

Relaciones tensas

Recientes episodios se enmarcan en las tensas relaciones entre Brasilia y Washington, que empezaron a torcerse en julio de 2025, cuando Estados Unidos impuso aranceles del 50% sobre los productos brasileños.

Tras una larga labor y delicada diplomática, el equipo de Gobierno de Lula consiguió anular estas tarifas y una nueva etapa de distensión parecía haberse establecido entre los dos países.

En abril pasado, Trump mantuvo una reunión de más de tres horas con Lula en la Casa Blanca, en la que fueron abordados muchos temas, desde la explotación de las tierras raras, de las que Brasil ostenta la segunda mayor reserva del mundo, hasta la guerra en Irán y la reforma en el Consejo de Seguridad de la ONU. En aquella ocasión, Lula fue recibido con todos los honores, incluso con un tapete rojo, y también fueron divulgadas varias fotos que mostraban un encuentro repleto de cordialidad. 

¿A dos bandas? Trump con Bolsonaro y Lula

Sin embargo, se trató de una tregua poco duradera. En mayo, el mandatario estadounidense recibió al precandidato de la extrema derecha, el senador Flávio Bolsonaro, aunque solo publicó una foto con él a principios de junio.

Esto ocurrió horas después de una nueva propuesta de nuevos aumentos arancelarios del 25% sobre las exportaciones brasileñas, que entrarán en vigor el 15 de julio. El senador aseguró que pidió “expresamente” a la Administración Trump que no gravase a las empresas brasileñas.

En una conferencia de prensa posterior a la reunión, Flávio Bolsonaro también reconoció que pidió a Trump que designara a las principales facciones narcotraficantes de Brasil, el Primeiro Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), como organizaciones terroristas. Trump convirtió esta amenaza en realidad el 29 de mayo. 

El presidente Donald Trump se reúne con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, al margen de la Cumbre de la ASEAN en Kuala Lumpur, Malasia, el 26 de octubre de 2025.
El presidente Donald Trump se reúne con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, al margen de la Cumbre de la ASEAN en Kuala Lumpur, Malasia, el 26 de octubre de 2025. © Mark Schiefelbein / AP

Después de este episodio, Lula y Trump se encontraron en Francia en ocasión de la reunión del G7, el 16 de junio, aunque no hubo mucha interacción. Acto seguido, el republicano afirmó que ha estado observando la situación en Brasil y quiso dejar claro que no se considera un admirador de Lula.

 “No soy partidario suyo, ni tampoco me desagrada. La verdad es que no pienso en él. Me da igual. Pero ahora es un tipo de persona diferente. Muy volátil. Lo vi dar un discurso. Fue muy volátil y está todo bien. Hay varios tipos [diferentes de líderes]”, declaró Trump al sitio de noticias ‘Axios’. 

El republicano también afirmó que Brasil se había vuelto “un tanto difícil” y “políticamente peligroso”

Pero, la reacción de Lula a las nuevas críticas de Washington no se dejó esperar. El mandatario brasileño afirmó que Trump “no conoce Brasil” y criticó lo que describió como una injerencia de su homólogo estadounidense en los asuntos internos del país.

“Si hay alguien que necesita aprender de las elecciones civilizadas de Brasil, es mi amigo Trump. La próxima vez [que me reúna con él], llevaré una urna electrónica para mostrarle cómo funciona. Él tiene derecho a sus preferencias electorales e ideológicas; solo espero que no vulnere el código de ética entre las naciones que desean que se respete su soberanía”, soltó Lula durante una conferencia de prensa en Ginebra con motivo de su participación en el G7. 

La «química» entre Trump y Lula y la injerencia que planea

Pero, hace tan sólo unos meses, Trump habló de “química” tras cruzarse con Lula en la sede de la ONU, en Nueva York. Fue en septiembre de 2025 y llenó de elogios al jefe de Estado brasileño, calificándolo de “hombre muy agradable”.

 “Él me cae bien y yo le caigo bien. Me gusta hacer negocios con gente que me agrada. Cuando alguien no me cae bien, simplemente no hay química. Pero tuvimos esos 30 segundos; fue algo muy breve, pero la química fue excelente. Fue una buena señal”, afirmó Trump en aquella ocasión. 

No obstante la postura de Trump no es clara para los brasileños.

A principio del año, poco después de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela por parte de las tropas estadounidenses, el 58% de los brasileños reconocía en un sondeo de la empresa Genial/Quaest que temía un operativo de Estados Unidos en Brasil similar al de Venezuela

Otra encuesta publicada por la misma consultora a mediados de junio revela que el 45% de los brasileños tiene una imagen negativa de Trump. Esa cifra se situaba en el 39 % en la encuesta anterior, realizada en mayo.  

Sin embargo, más de un analista brasileño descarta que de momento se haya producido una intervención directa de Trump en la precampaña electoral del gigante latinoamericano.

Es el caso de Christopher Garman, director gerente para las Américas de Eurasia Group, una consultora centrada en el análisis de tendencias geopolíticas, elecciones y cambios regulatorios en todo el continente. “La palabra interferencia a lo mejor es demasiado fuerte. Claramente la Casa Blanca con Donald Trump tiene una predilección ideológica. Él ha dejado muy claro que apoya candidaturas de derecha y eso no debe ser diferente en el caso de Brasil. Pero si miramos a la capacidad de la Casa Blanca de influir en las elecciones de la región, creo que es más limitada”, señala Garman a la prensa brasileña.  

Para Leonardo Paz Neves, en cambio, esta posibilidad existe. “En cierto modo, ya hubo injerencia —aunque muy leve— cuando Trump recibió a Flávio Bolsonaro y publicó una foto con él y con Eduardo Bolsonaro. Eso, de por sí, constituye cierto grado de intromisión, ya que él sabe que Flávio es un posible candidato electoral. Trump no suele recibir habitualmente a senadores de otros países. Es un hecho muy poco frecuente, no recuerdo ningún caso reciente”, destaca este analista de la FGV.  

“Más tarde, publicó en sus redes sociales que Flávio Bolsonaro le agradaba: eso también equivale a un cierto nivel de injerencia, dado que sabe que se refiere a alguien que concurrirá a unas elecciones en un futuro muy próximo. Sin embargo, lo curioso de Trump es que su apoyo suele ser tóxico. Su respaldo a Pierre Poilievre en Canadá, por ejemplo, fue desastroso: convirtió lo que debería haber sido una victoria electoral fácil en una causa perdida. Ya vimos algo así anteriormente durante las disputas arancelarias, cuando la imagen de Lula empezaba a deteriorarse. El efecto fue inverso y Lula experimentó un repunte en su popularidad”, añade Paz Neves. 

El caso Eduardo Bolsonaro

Recientemente, el presidente de Estados Unidos también ha lamentado — aunque de forma errónea — el supuesto encarcelamiento de “Bolsonaro Jr.”. El comentario parecía referirse a un reciente fallo del Tribunal Supremo de Brasil, que ha condenado al exdiputado federal Eduardo Bolsonaro a cuatro años y dos meses de prisión por coacción durante la investigación sobre la trama golpista. En otras palabras, la Corte Suprema le considera culpable de intentar interferir en el juicio contra su padre, Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de prisión por intentar perpetrar un golpe de Estado contra Lula.  

En realidad, el exdiputado sigue en libertad y todavía reside en Estados Unidos, donde se estableció el año pasado con el objetivo de hacer lobby a favor de su familia.

Además, Trump confundió a Eduardo con Flávio Bolsonaro. “Estoy seguro de que no fue Trump quien pensó: ‘Voy a recibir a Flávio Bolsonaro aquí porque quiero’. Sin duda, fue su círculo más cercano: Rubio y otros actores han presionado a Trump o han tratado de influir en su criterio, para que apoyara a una parte en toda esta discusión o para que tomara medidas concretas. Él no decide todo por sí solo, exclusivamente en su propia cabeza”, reflexiona Paz Neves.  

El congresista brasileño Eduardo Bolsonaro saluda a su hermano Flávio Bolsonaro, quien se encuentra entre el público, durante la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en Dallas, Estados Unidos, el 27 de marzo de 2026.
El congresista brasileño Eduardo Bolsonaro saluda a su hermano Flávio Bolsonaro, quien se encuentra entre el público, durante la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en Dallas, Estados Unidos, el 27 de marzo de 2026. © Gabriela Passos / AP

“Tengo la impresión de que, cuando Trump se reúne con Lula —una figura tan carismática—, se deja cautivar en cierta medida. Trump termina sintiéndose seducido, al menos a corto plazo. Pero a la hora de adoptar medidas reales, hay mucha gente a su alrededor empujándolo en una dirección u otra, y a menudo acaba cediendo a esa presión. Durante el primer mandato de Trump, se comentaba que su política dependía de la última persona con la que había hablado”, concluye este politólogo. 

Esta semana, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, respondió de forma oficial a una carta del senador Flávio Bolsonaro. En el documento, con fecha del 23 de junio de 2026, Rubio reafirma la postura de su país respecto a la propuesta de imponer nuevos aranceles a Brasil y a la clasificación de facciones criminales brasileñas como organizaciones terroristas. 

El trecho final de la carta, sin embargo, revela lo que puede ser la postura si Flávio Bolsonaro gana las elecciones.

“Estados Unidos mantiene firme su deseo de ver un Brasil próspero, seguro y económicamente estable. Tomamos nota de su optimismo respecto a las elecciones de octubre y de su generosa oferta de poner un equipo de transición a nuestra disposición en caso de resultar elegido. Estados Unidos está listo para trabajar en colaboración con los líderes elegidos por el pueblo brasileño promover un marco de comercio e inversión amplio, justo y mutuamente beneficioso”. 

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