Israel en Líbano, el talón de Aquiles: ¿es posible un acuerdo Irán-EE. UU. sin la adhesión de Netanyahu?


Un acuerdo entre Irán y EE. UU. avanza, pero deja fuera el principal foco de tensión.

El memorando alcanzado entre Washington y Teherán contempla una tregua de 60 días durante la cual ambas partes negociarán cuestiones de fondo, especialmente el futuro del programa nuclear iraní. También prevé la reapertura del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado, así como la posibilidad de aliviar sanciones y desbloquear activos iraníes congelados.

Sin embargo, los detalles del pacto siguen siendo ambiguos. Tanto el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, como funcionarios de ambos países han reconocido que el documento firmado, aunque aún no de manera formal, es apenas un marco general. Las cuestiones más sensibles han sido pospuestas para una segunda fase de negociaciones que comenzará formalmente tras la rúbrica programada para el viernes 19 de junio, en Bürgenstock, Suiza.

Archivo: el 18 de febrero de 2025, un tanque de combate principal Merkava del ejército israelí se encuentra desplegado junto al muro fronterizo de hormigón en un punto de la frontera norte de Israel con el Líbano.
Archivo: el 18 de febrero de 2025, un tanque de combate principal Merkava del ejército israelí se encuentra desplegado junto al muro fronterizo de hormigón en un punto de la frontera norte de Israel con el Líbano. © AFP

Entre ellas destaca la situación del Líbano. Mientras Irán sostiene que el fin de la guerra implica el cese de todas las hostilidades regionales, incluidos los combates en territorio libanés, Estados Unidos ha evitado confirmar que la retirada israelí forme parte de los compromisos asumidos.

La contradicción es significativa, ya que el frente libanés se ha convertido en el principal punto de choque directo entre las prioridades estratégicas de Teherán, Washington e Israel.

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Netanyahu, el principal desafío al espíritu del acuerdo

La posición del Gobierno israelí parece alejarse de los objetivos que persigue la diplomacia estadounidense. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha reiterado que las tropas israelíes permanecerán en el sur de Líbano «el tiempo que sea necesario» y que Israel mantendrá el derecho a actuar militarmente contra Hezbolá.

En entrevista con France 24, Alberto García Watson, analista internacional y excorresponsal de guerra en Líbano, señala que esta postura amenaza con vaciar de contenido cualquier entendimiento entre Washington y Teherán.

«Sin Israel, que es uno de los puntos más conflictivos que existen en este momento, la resolución de este conflicto no tiene realmente visos de que vaya a solucionarse», destaca.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ofrece una rueda de prensa tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán en Jerusalén, el 15 de junio de 2026.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ofrece una rueda de prensa tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán en Jerusalén, el 15 de junio de 2026. © Reuters/Ronen Zvulun

Según el experto, las recientes declaraciones del ministro de Defensa del Estado de mayoría judía, Israel Katz, reflejan una estrategia orientada a consolidar posiciones militares en varios frentes. «Israel no se va a retirar de ninguno de los puntos en los que en este momento se encuentra establecido ocupando territorio, ni en Siria, ni en el Líbano, ni tampoco en la Franja de Gaza o Cisjordania», recalca.

García Watson considera que los continuos ataques israelíes en territorio libanés evidencian una falta de voluntad para cerrar definitivamente el conflicto. «No existe por parte de Israel ningún interés en acabar con este conflicto», asegura.

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Imagen de portada: © France 24

Esa percepción coincide con la creciente frustración expresada por el propio presidente Donald Trump, quien admitió públicamente durante la cumbre del G7 que no está satisfecho con la actuación israelí en Líbano y que la prolongación de la ofensiva amenaza con proyectar una imagen negativa sobre el acuerdo alcanzado con Irán.

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Las claves políticas detrás de la resistencia israelí

Más allá de las consideraciones militares, diversos analistas observan factores políticos internos que ayudan a explicar la posición de Benjamin Netanyahu.

García Watson vincula directamente la continuidad de las operaciones militares con el complejo contexto político israelí y con la supervivencia de la actual coalición gubernamental.

«Cada vez que hay un problema o una crisis de gobierno o hay elecciones en el horizonte, la mejor forma de adquirir la simpatía de la mayoría de la población es entrar en conflicto bélico», recuerda el analista.

A su juicio, la situación personal del primer ministro también desempeña un papel relevante. «Mientras haya conflicto bélico, la Justicia va a darle a Benjamin Netanyahu la oportunidad de no sentarse en el banquillo y evitar esos posibles años de prisión por corrupción», subraya.

Archivo: el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu (derecha), se sienta junto al ministro destituido del Interior y de Salud, Aryeh Deri, durante una reunión semanal del gabinete en la Oficina del Primer Ministro en Jerusalén, el 8 de enero de 2023.
Archivo: el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu (derecha), se sienta junto al ministro destituido del Interior y de Salud, Aryeh Deri, durante una reunión semanal del gabinete en la Oficina del Primer Ministro en Jerusalén, el 8 de enero de 2023. © AFP

Desde esta perspectiva, la paz podría representar para Netanyahu riesgos políticos y judiciales que no existen mientras continúe la confrontación regional.

Por ello, García Watson se muestra escéptico respecto a la posibilidad de que Israel modifique su posición durante el periodo de negociación abierto por el acuerdo. «Soy muy pesimista de que en el transcurso de estos 60 días, que van a ser decisorios para poder culminar con un cese al fuego ya permanente y definitivo, realmente Israel vaya a dar su brazo a torcer», advierte.

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¿Puede Washington imponer su agenda a Israel?

La principal novedad geopolítica del acuerdo es que Estados Unidos parece haber priorizado sus propios intereses estratégicos sobre las demandas israelíes. La reapertura del estrecho de Ormuz, la estabilización de los mercados energéticos y la reducción de los costes económicos de la guerra se han convertido en objetivos inmediatos para la Casa Blanca.

De hecho, el descenso de los precios del petróleo tan pronto fue publicado el anuncio del acuerdo refleja la importancia que Washington otorga a la normalización del tráfico marítimo y energético.

Sin embargo, la cuestión de fondo es si Washington dispone de capacidad política suficiente para obligar a Israel a alinearse con esa estrategia.

«Estados Unidos tiene una agenda, pero Israel tiene la suya propia», resume García Watson. Según el analista, el hecho de que las negociaciones se hayan desarrollado sin la participación directa del Gobierno israelí explica buena parte de las tensiones actuales.

La situación ha abierto una grieta poco habitual entre Trump y Netanyahu. Mientras Washington busca consolidar un acuerdo que reduzca las tensiones regionales y reactive la economía global, Israel insiste en mantener la presión militar sobre Hezbolá y conservar sus posiciones en territorio libanés.

La paradoja es evidente: el acuerdo entre Estados Unidos e Irán puede convertirse en el mayor avance diplomático en Medio Oriente de los últimos años, pero también podría fracasar precisamente en el escenario donde Israel mantiene una influencia decisiva.

Por ahora, el sur de Líbano se perfila como el auténtico talón de Aquiles del proceso. 

Si Netanyahu mantiene su negativa a retirarse y Teherán insiste en considerar esa retirada una condición indispensable para la paz, los próximos 60 días podrían determinar si el entendimiento entre Washington y Teherán se transforma en una paz duradera o en una nueva tregua condenada a la fragilidad.

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