Alberta, rica en petróleo, vota sobre su independencia de Canadá bajo la sombra de Trump


Sin importar el resultado, la sola convocatoria de un inédito referendo no vinculante sobre una posible independencia de Canadá ya marca un antes y un después para Alberta, una provincia del oeste del país que alberga la mayor parte de sus reservas de petróleo probadas, las cuartas más grandes del mundo.

De los 5 millones de ciudadanos de la rica región canadiense, más de 1,35 millones –el 43% de los residentes con derecho a voto– han emitido su sufragio de forma anticipada, en las urnas, por correo o en otras modalidades especiales. La cifra supera los 810.000 votos adelantados de las elecciones provinciales de 2023 y es una muestra del interés que ha despertado la cuestión.

Los que ya votaron y los que emitan su sufragio en una jornada electoral que cerrará a las 20:00 (hora local) tendrán que responder en esta consulta a diez preguntas, codificadas por colores, pero la que mayor atención reúne es la décima: en ella, los habitantes deben elegir entre que Alberta continúe siendo una provincia canadiense o que el Gobierno provincial inicie el proceso legal necesario para convocar un segundo referendo, que sí sería vinculante, sobre la separación.

Las otras nueve preguntas no vinculantes abordan cuestiones sobre inmigración, acceso a los servicios provinciales —incluidos educación, asistencia social y atención médica— y requisitos de identificación de votantes.

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Imagen de portada: Reporters. © France 24

La primera ministra de Alberta, Danielle Smith, quien se opone a la separación, convocó de todos modos al referendo porque, a su juicio, era «hora de votar, comprender la voluntad de los habitantes sobre este tema y seguir adelante», según declaró en mayo pasado. La mandataria regional dio a entender que votó de manera anticipada por la permanencia en Canadá y prometió respetar el resultado, aunque confía en sondeos que indican que solo entre el 22 y el 34 por ciento de los albertanos apoyan la independencia.

Esta decisión de Smith se produjo luego de meses de campaña por parte de un pequeño pero ruidoso grupo de separatistas, quienes argumentan que la riqueza energética de Alberta está subsidiando a las zonas más pobres del país y que la burocracia en Ottawa ha asfixiado la economía de la provincia.

Aunque esta provincia nunca había celebrado previamente una consulta separatista, este mecanismo no es extraño en Canadá. Québec, de mayoría francófona, ha celebrado dos referendos, en 1980 y 1995, y en ambas ocasiones los ciudadanos votaron a favor de permanecer en el país, aunque en el segundo caso fue por un margen mínimo.

A inicios de este mes, el Partido Quebequense, una formación proindependencia, ganó las elecciones provinciales y ha prometido celebrar un tercer referendo, pero solo después de que el presidente estadounidense Donald Trump deje el cargo y si su partido obtiene una mayoría, ya que ha formado un gobierno minoritario.

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Un desafío a la unidad de Canadá en medio de la disputa con Trump

Canadá es una federación de diez provincias y tres territorios, con un gobierno central responsable de asuntos de interés nacional –como la defensa, el comercio y la política exterior– y ejecutivos territoriales con un poder considerable en materia de atención médica, educación y derechos sobre la tierra.

El movimiento separatista de Alberta abre un frente de presión sobre el primer ministro canadiense, Mark Carney, quien ha exacerbado el sentimiento de unidad nacional para hacer frente a los aranceles comerciales estadounidenses y a los repetidos llamamientos de Donald Trump para convertir a Canadá en el estado número 51 de la Unión Americana.

El premier ha admitido que el referendo llega en el «peor momento posible» y ha instado a los albertanos a no pensar el referendo como un posible mensaje contra Ottawa. «Voten como si el futuro de Canadá dependiera de ello, porque así es», subrayó el viernes pasado en Edmonton, la ciudad donde creció.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, asiste a un mitin de 'Forever Canadian' en Edmonton, el 16 de octubre de 2026.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, asiste a un mitin de ‘Forever Canadian’ en Edmonton, el 16 de octubre de 2026. © John Ulan / The Canadian Press vía AP

Si bien los residentes de Alberta han sido hostiles hacia los primeros ministros liberales en los últimos años por las políticas energéticas federales, Carney goza de una inusual popularidad por su respaldo a políticas más favorables a los combustibles fósiles, como la propuesta de un oleoducto hacia la costa del Pacífico.

Su discurso más duro contra Trump también ha contribuido al respaldo a Carney. En los actos electorales que celebró en la recta final hacia el referendo, en Calgary y Edmonton, se llevó ovaciones cuando habló de diversificar el comercio de Canadá, alejándolo de Estados Unidos.

Por el contrario, el movimiento separatista ha confirmado contactos con la Administración Trump, pero uno de sus líderes, Mitch Sylvestre, aseguró a la agencia AFP que los intereses estadounidenses «no desempeñan ningún papel» en Alberta, al menos «hasta que ganemos y nos convirtamos en gobierno».

Sin embargo, antes del referendo, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha calificado a Alberta de «socio natural», y el magnate tecnológico Elon Musk, aliado de Trump, ha instado a esa provincia a «separarse» de Canadá.

La injerencia estadounidense ha sido una preocupación latente en la campaña hacia la consulta, al igual que la utilización de inteligencia artificial para amplificar el mensaje independentista en las redes sociales, donde los grupos separatistas son más activos que los defensores de la unidad.

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Un debate que promete prevalecer más allá del referendo

Aunque la primera ministra de Alberta pretenda que la previsible derrota de los independentistas entierre el debate, una encuesta de Angus Reid publicada el viernes mostró que, si bien el 66% de los residentes consultados planeaban votar a favor de la permanencia, tres de cada cinco creen que «nunca habrá un fin al movimiento separatista» en la provincia.

Keith Wilson, codirector del grupo separatista ‘Let Alberta Decide’, afirmó a la agencia AP que, independientemente del resultado, la campaña del referendo ha generado un debate sin precedentes sobre el lugar que ocupa Alberta dentro de Canadá.

«Creo que ya hemos alcanzado el éxito si observamos la participación electoral. La gente está involucrada y se habla de este tema a un nivel históricamente inédito», destacó.

Una marcha a favor de la Independencia de Alberta convocada en Edmonton, Canadá, el 17 de octubre de 2026
Una marcha a favor de la Independencia de Alberta convocada en Edmonton, Canadá, el 17 de octubre de 2026 © Megan Albu / AFP

Tradicionalmente observado como un movimiento marginal, el sentimiento separatista tuvo un fuerte impulso durante la pandemia de Covid-19, que movilizó a activistas descontentos con las restricciones de salud pública impuestas por el gobierno federal.

El propio Wilson fue uno de los principales abogados del ‘Convoy de la Libertad‘, que en 2022 llevó a camioneros a paralizar el centro de Ottawa durante semanas en protesta contra la vacunación obligatoria y otras medidas adoptadas por la crisis sanitaria.

Jeff Rath, otro líder separatista, aseguró haberse inclinado por la independencia por los mandatos federales de vacunación contra el Covid-19 y aseguró a AP que se sentiría satisfecho si el 30% de los votantes opta por iniciar el proceso de separación. También aspira a que Smith sea destituida como líder de su Partido Conservador Unido (UCP, por sus siglas en inglés) y que los independentistas dentro de esa formación puedan crear una nueva fuerza política.

Para Duane Bratt, politólogo de la Universidad Mount Royal de Calgary, «este problema no va a desaparecer ahora» porque «los separatistas están movilizados, han creado redes, están conectados».

La misma sensación reinaba entre algunos de los votantes. Ross Watson, residente de Calgary que votó a favor de la permanencia en Canadá, tachó la separación de «completamente ridícula» y consideró que las quejas de los independentistas «son completamente infundadas». «Pero también creo que esta gente probablemente nunca se callará», subrayó.

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Dave Malka, un empleado público de 59 años que el sábado asistió a un acto pro-Canadá, criticó que se destinen fondos para el referendo y coincidió con Carney en que «esto ocurre en el peor momento posible; cuando deberíamos estar unidos, estamos, en cambio, peleándonos entre nosotros».

«Esto es solo el comienzo de un ‘Armagedón’ separatista, por así decirlo. Es su punto de partida», admitió, con temor.

Jake Graham, de 35 años y vestido con ropa nacionalista, se mostró más esperanzado: «Espero que esto zanje el asunto por mucho tiempo, que el resultado sea claro y decisivo, que estas quejas desaparezcan durante una buena temporada y que podamos ser un Canadá unido».

Con Reuters, AP, EFE y AFP

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