
Uno de cada tres residentes en Argentina vive en situación de pobreza, según la última estimación semestral del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), publicada el 24 de septiembre. En concreto, el 32,3 % de la ciudadanía padece esta situación, lo que implica un incremento del 4,1 % respecto a la última medición, tomada el segundo semestre de 2025.
Este fenómeno se manifiesta con mayor gravedad en la infancia, ya que casi la mitad de los menores de 14 años (44,5 %) vive en un hogar empobrecido.
Además, la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) reveló que la indigencia también aumentó, del 6,3 % al 7,5 %. Un hogar considerado en línea de indigencia (LI) no cuenta con ingresos suficientes para cubrir una canasta de alimentos que satisfaga un umbral mínimo de necesidades energéticas y proteicas, valorada en unos 150 dólares, según el organismo estadístico.
Una de las razones que impulsaron el crecimiento de la pobreza fue el encarecimiento de la canasta básica de alimentos en un 21,4 % —y de la canasta total en un 19,6 %—, mientras que los ingresos de los hogares crecieron un 11,5 %.
Las regiones con mayor índice de pobreza son el Noreste (41,5 %), Cuyo (36,7 %) y el Gran Buenos Aires (32,1 %).
La medición oficial, que no incluye a sectores rurales, tiene en cuenta la situación de 30,1 millones de personas que viven en las principales áreas urbanas de Argentina, un país de 46 millones de habitantes.
La metodología utilizada por el INDEC se basa en el valor de la canasta básica alimentaria (CBA) y de la canasta básica total (CBT) comparada con los ingresos de los hogares.
Así, cerca de 9,7 millones de personas en las 31 áreas urbanas encuestadas por el INDEC viven por debajo del umbral de pobreza, incluyendo 2,25 millones en situación de pobreza extrema —o indigencia.
Si se extrapola la tasa de pobreza al total de la población, Argentina registró en el primer semestre de 2026 un total de 15 millones de personas pobres, esto es, 1,7 millones más que en el segundo semestre de 2025.
Con este resultado, la tasa de pobreza quebró un ciclo de tres semestres consecutivos en bajada. La mejor medición se obtuvo a finales de 2025 con el 28 % de la ciudadanía en esta situación, el mínimo en los últimos ocho años, gracias a las medidas de austeridad del presidente Javier Milei, que contribuyeron a controlar la inflación.
Estas mismas medidas, sumadas a la devaluación del peso, fueron las que dispararon la pobreza a casi el 53 % en el primer semestre de 2024, el primero bajo el Gobierno de Milei.
Los críticos de Milei afirman que los sectores más empobrecidos han pagado un alto precio por la política de estabilidad económica en Argentina, ya que los recortes a las pensiones y la asistencia social representan casi una cuarta parte de la disminución de gastos del Gobierno, según un análisis de septiembre del Instituto Argentino de Análisis Fiscal.
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Un revés para Milei a un año de elecciones
El ministro de Economía argentino, Luis Caputo, reconoció en redes sociales el aumento de los índices de pobreza, pero remarcó que las cifras se mantienen muy por debajo de los niveles registrados al inicio de la Administración de Javier Milei.
El titular de Economía habló de «distintos shocks transitorios que afectaron a varios sectores de actividad» en julio, entre los que destacó una «menor disponibilidad de gas en el caso de la industria manufacturera», fenómenos climatológicos adversos para la construcción, la minería y algunos servicios, así como «menores horas trabajadas en algunos sectores en relación al Mundial de fútbol«.
La situación actual podría empeorar según las estimaciones de la Universidad Católica Argentina (UCA), consideradas un indicador temprano de las tendencias oficiales, que sugieren que la tasa de pobreza podría aumentar hasta el 35 % para fin de año.
«En los últimos cuatro trimestres, entre 400.000 y 450.000 personas han caído en la pobreza cada trimestre», afirmó Agustín Salvia, director del Observatorio Argentino de la Deuda Social de la UCA.
El aumento de hogares en situación de pobreza implica un revés para el Gobierno de Milei, quien se prepara para buscar la reelección en 2027.
El presidente argentino llegó al poder a finales de 2023 con un fuerte respaldo entre los votantes de ingresos bajos y medios, castigados por años de inflación descontrolada.
Sin embargo, una encuesta de septiembre de AtlasIntel reveló que la desaprobación entre los encuestados de bajos ingresos —definidos como aquellos que ganan menos de 650 dólares al mes— aumentó a casi el 70%, mientras que la aprobación cayó por debajo del 30%. Un año antes, las cifras se situaban en el 57% y el 37%, respectivamente.
El cómputo general del sondeo otorga al presidente una desaprobación del 58 % y un respaldo del 38,1 %.
Aun así, el Gobierno afirma que mantendrá inalterables sus políticas económicas, según un portavoz del Ejecutivo argentino citado por la agencia de noticias Reuters, quien apuntó que «el presidente no va a ceder ni un ápice en su programa» y «no va a flexibilizar su política monetaria para ganar elecciones».
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La Administración de Milei se ha negado a aumentar el gasto público o a renovar los subsidios, medidas frecuentes en años electorales, bajo el argumento de que pondría en peligro sus esfuerzos por controlar la inflación y mantener la disciplina fiscal.
Con Reuters, EFE y AP
